“Para que nuestros ríos lleguen sanos al mar”
Infórmese
Vista área del Río Plátano. Foto: Lesly Banegas
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La ganadería extensiva y las operaciones del crimen organizado son las principales causas del avance de la deforestación en la región que rodea a la Laguna Ebans, la cual forma parte de la zona cultural de la Reserva.
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En 2020 se perdieron más de seis mil hectáreas de bosque primario húmedo en la Reserva de la Biosfera. En la región, los habitantes de las comunidades indígenas temen denunciar lo que sucede en el área.
En el departamento de Gracias a Dios, región conocida como La Moskitia hondureña, se encuentra la Reserva de la Biosfera Río Plátano, considerada por las Naciones Unidas como patrimonio de la humanidad por albergar importantes áreas marinas costeras y coralinas, además de una variedad de ambientes que incluye extensos bosques lluviosos. Es, también, la casa de cuatro pueblos indígenas: Pech o Payas, Tawahkas, Garífunas y, sobre todo, Miskitos. Se trata de un territorio que hoy enfrenta un rápido proceso de deforestación provocado, en especial, por las invasiones de ganaderos y la presencia de grupos del narcotráfico.
Una de las áreas en donde más se mira la expansión de la deforestación es el municipio de Brus Laguna, alrededor de la Laguna Ebans o Ébano y que forma parte de la zona cultural de la Reserva de la Biosfera Río Plátano. En 2010, esa área contaba con 379 mil hectáreas de cubierta selvática que se extendía sobre el 85 % de su terreno. Pero solo en 2020, se perdieron 12 mil hectáreas de cubierta arbórea; de las cuales casi 7 mil hectáreas eran de bosque primario húmedo, de acuerdo con los datos de la plataforma Global Forest Watch, la cual realiza un monitoreo constante del estado de los bosques en todo el mundo.
La deforestación también avanza en el municipio de Juan Francisco Bulnes, colindante al de Brus Laguna y donde también se encuentra parte de la Laguna Ebans. Los datos de la plataforma Global Forest Watch muestran que entre 2002 y 2020, esa zona se quedó sin 10.5 mil hectáreas de bosque primario húmedo; el 2020 fue el año que registró la mayor pérdida: casi dos mil hectáreas.
Un representante de la Plataforma Indígena de La Moskitia, quien pidió omitir su nombre por seguridad, explicó a Mongabay Latam que la destrucción de la zona aledaña a Laguna Ebans es por “la invasión de personas de dinero” que llegan de otras partes del país para impulsar la ganadería extensiva, bajo el cobijo de las autoridades que les han autorizado planes de manejo forestal, sin importar que con ello ponen en riesgo la vida de las comunidades indígenas.
“Hay ausencia del Estado, pobladores amenazados a muerte que han sido desplazados de sus territorios, persecución a dirigentes indígenas y asesinatos dentro de la zona a manos de militares”, denunció el integrante de la Plataforma Indígena. Como ejemplo, recordó que hace unas semanas cuatro miskitos fueron asesinados y varios resultaron heridos. La muerte de sus hermanos, acusó, se da por el conflicto socio ambiental que se vive en la región de La Moskitia.
Conservación, solo en el papel
La zona de La Moskitia es bañada por el Mar Caribe y la atraviesan extensas lagunas, ríos y canales por donde a diario circulan cientos de lanchas que trasladan a la población, productos de primera necesidad y combustible. “Por su enorme riqueza natural es un lugar muy codiciado por narcotraficantes que operan con toda libertad y por gente con mucho dinero y poder político”, señaló el integrante de la Plataforma Indígena.
Para el dirigente, la categoría de protección de la Reserva de la Biosfera Río Plátano está solo en el papel, ya que se registra una deforestación alarmante. Además, en septiembre de 2013, el gobierno hondureño autorizó proyectos hidroeléctricos como el de Piedras Amarillas, también conocido como Patuca III, que se encuentra dentro del área de influencia de la reserva e impulsa la instalación de las llamadas Zonas de Empleo y Desarrollo Económico (ZEDEs).
El representante miskito explica que la deforestación se ha intensificado en los últimos años: “Aquí funcionarios, ministros y militares envían a otros para que vayan a comprar tierras, pero la inversión económica es de ellos. En las comunidades solo se conocen a los testaferros que están comprando y vendiendo tierra; los verdaderos propietarios están escondidos bajo la sombra”.
La laguna es fuente de vida para las comunidades miskitas. Foto: Lesly Banegas.
Mongabay Latam intentó conversar con otros actores de la zona de la Laguna Ebans, pero se encontró con el mismo dilema: la población prefiere ocultar su identidad por tema de seguridad.
La población miskita reconoce que la falta de trabajo y oportunidades que generen ingresos económicos, los obliga a vender sus tierras a extraños que llegan ofreciendo desarrollo a las comunidades.
Sin embargo, en muchos casos, denuncia la población miskita, la persona que compra termina teniendo en su poder más tierras de las que pagó, porque goza del respaldo de las instituciones del Estado, encargadas de la titulación de tierras y que deberían de ser garantes de los derechos fundamentales de la población indígena. Esta es una de las causas del desastre ecológico que hoy vive la Laguna Ebans y la Reserva de la Biosfera Río Plátano.
Un representante del Instituto de Conservación Forestal (ICF) —entidad estatal que se encarga de regular cuestiones ambientales-forestales— que trabaja en la región y que, como todos, habla bajo la condición del anonimato, confirma que la mayor amenaza que existe hoy en zona de la Laguna Ebans es la ganadería extensiva. “La mayoría de las personas que realizan esta actividad son de origen mestizo, no son nativos de la zona, han llegado de otras partes del país”.





